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TRES ESTUDIOS SOBRE RUY DÍAZ DE GUZMÁN Y SU OBRA

 

III. Notas sobre la Lengua

de Ruy Díaz de Guzmán

por Germán de Granda

Las características de la lengua empleada por Ruy Díaz de Guzmán en su obra Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata, común (y erróneamente) denominada La Argentina, no han sido, hasta el presente, estudiadas.

Varias son, a mi parecer, las razones de este hecho. En primer término el lugar, indudablemente secundario, que ocupa nuestro autor entre los historiadores y cronistas de Indias, lo que explica, si no justifica, el que, careciéndose aún de trabajos exhaustivos (aunque no de estudios parciales) sobre las obras de escritores como Bernal Díaz del Castillo, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Francisco de Jerez o Pedro Cieza de León, no hayan atraído todavía a los especialistas en español de América las peculiaridades del volumen escrito por Ruy Díaz de Guzmán.

Por otra parte, el original del cronista que nos ocupa ha llegado a nosotros solamente a través de copias realizadas en el siglo XVIII lo que, sin duda, disminuye el interés que puede suscitar en el filólogo ya que, cuando menos, elimina la posibilidad de acometer el examen de uno de los niveles lingüísticos más interesantes en un escritor de fines del siglo XVI y principios del XVII, el fonético. Y, además, el texto de Ruy Díaz de Guzmán parece ofrecer a una lectura apresurada, un atractivo más bien escaso en lo que a lenguaje y estilo se refiere, sobre todo si lo comparamos con el rigor y desembarazo que se encuentran, por ejemplo, en los Comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Adelantado y Gobernador de la Provincia dei Río de la Plata.

A pesar de todas estas razones, creo que no carece de justificación el intentar delinear, cuando menos, las características y peculiaridades de la prosa de Ruy Díaz de Guzmán no sólo porque, a través de ellas, podremos conocer mejor su personalidad histórica y sus perfiles humanos sino, y sobre todo, porque, mediante su estudio, podremos tener acceso, no por parcial menos interesante, a la variedad de lengua española que podría manejar en medio de las selvas paraguayas, prácticamente incomunicadas con los principales focos de cultura de la América española, aprovechando los breves descansos entre empresas bélicas o colonizadoras, un representante de aquellos "mancebos de la tierra" hispano - guaraníes que, en una increíble proeza colectiva, dejaron su huella fundacional desde las regiones atlánticas del Guairá histórico hasta las llanuras del Chaco y desde Santa Cruz de la Sierra hasta Santa Fe y Buenos Aires.

Limitando nuestro examen de la lengua de Ruy Díaz de Guzmán, por la circunstancia que antes mencioné, a la morfosintaxis y al léxico encontramos en ella, como primera impresión, dos características generales no por difusas menos perceptibles, que podríamos designar con los conceptos de modernidad y naturalidad.

Evidentemente, la primera de estas cualidades, atribuibles a la prosa de nuestro autor, se debe al abandono, a partir de las primeras décadas del siglo XVI, de una gran cantidad de rasgos lingüísticos medievales que aún abundan en el siglo XV y en los años iniciales de la siguiente centuria y entre los que se cuentan, por ejemplo, las oscilaciones vocálicas (sufrir - sofrir), la existencia de F - inicial ante vocal (fecho), la conservación del grupo consonántico – BD - (cobdo, cobdicia), las formas verbales del tipo poneldo, tomallo, el futuro aún no totalmente amalgamado (escribirte he), los presentes so, vo, estó (soy, voy, estoy), el pronombre personal nos, el demostrativo aqueste/aquese, el uso del artículo ante posesivo (la mi casa), la persistencia de ge lo por se lo etc. Ninguno de estos fenómenos, que sin duda prestan a los textos castellanos en que aparecen una fisonomía poco familiar al lector no lingüista, se dan ya en la prosa de Díaz de Guzmán lo que contribuye, desde luego, a su fácil comprensión y a la sensación de proximidad y familiaridad que despierta hoy en nosotros su lectura.

Bien es cierto que aún encontramos en La Argentina algunos rasgos lingüísticos no existentes en el castellano actual y, por el contrario, comunes durante los siglos XVI y XVII pero son relativamente escasos y de fácil aprehensión por el lector común de nuestro siglo. Así, por ejemplo, el uso del artículo femenino ante sustantivos que hoy lo exigen masculino como en las centinelas (1), la hambre (2), la canal (3), algunos empleos preposicionales o conjuncionales no actuales, entre los que se podrían citar por con valor de para (4), de que equivalente a por lo que (5), etc., la vigencia de un cuádruple sistema de pronombres personales de segunda persona constituido por tu (6), vos (7), vuestra merced (8) y vuestra señoría (9), diferenciados por su gradación en cuanto a la intimidad y al respeto que se experimenta por el interlocutor, etc.

Si la prosa de Ruy Díaz de Guzmán no es ya, lógicamente, medieval (aunque, como veremos más adelante, preserve todavía algunos razgos ya arcaicos en el siglo XVII) tampoco es, aún, barroca, lo que contribuye apreciablemente a producir en el lector la sensación de sencillez y naturalidad de que hemos hablado con anterioridad.

No existen, en efecto, en La Argentina los artificios que caracterizan el estilo de los prosistas castellanos conceptistas como Quevedo o Gracián. No hay, en Ruy Díaz de Guzmán, salvo algún muy raro caso, ni juegos de palabras ni contraposiciones semánticas violentas ni rasgos especificadores como la aposición de sustantivos ni neologismos forzados ni, sobre todo, la ordenación sintáctica compleja y la sentenciosidad modelada sobre el latín de Tácito.

El lenguaje de Díaz de Guzmán, carente de afectación en general, es empleado por el autor, cumpliendo con ello los preceptos de Juan de Valdés (10), para decir lo que desea con las menos y más sencillas palabras que le son posibles.

Su prosa es, si cabe la expresión, predominantemente funcional y, por lo tanto, está desprovista de refinamientos formales que, desviando la atención hacia el ornato estilístico, impidan, por su inadecuación al tema que se trata, la atención exclusiva a la línea narrativa lineal característica de su obra.

Ahora bien, es cierto que esta naturalidad funcional carente de artificio, que hemos destacado hasta aquí como cualidad positiva de la obra de Ruy Díaz de Guzmán, tiene también su aspecto negativo, al ser manejada por un autor que no es, desde luego, un prosista de condiciones artísticas excepcionales.

La monotonía en la ordenación sintáctica, la reducción de los esquemas oracionales posibles a sólo unos pocos (los más simples) entre los que destaca la coordinación copulativa (11), la reiteración de paradigmas de frase y la restricción de léxico son, indudablemente, peculiaridades poco felices que individualizan, de modo escasamente brillante, el estilo de nuestro autor.

Sin embargo, sería insuficiente reducir las notas caracterizadoras de la prosa de Ruy Díaz de Guzmán a la mera naturalidad, rayana a veces en el desaliño expresivo. Hay otro rasgo en su obra que merece, en justicia, ser considerado y valorado. Me refiero al constante y bien perceptible esfuerzo del autor por conseguir, dentro de la funcionalidad de su lenguaje, una selección, distinguida y aristocrática, de los elementos formales que maneja.

Este rasgo se manifiesta claramente, por ejemplo, en la adopción de conscientes latinismos léxicos (12) y sintácticos, entre los que destacan, por su reiteración, las oraciones subordinadas de infinitivo (13) y las que calcan la construcción clásica de ablativo absoluto (14).

También puede ser incluida dentro de la misma tendencia estilística la actitud de Díaz de Guzmán respecto al léxico designador de realidades, físicas o sociológicas, americanas.

Nuestro autor emplea, con exclusividad, americanismos léxicos, procedentes ya del taíno (15) ya del quéchua (16), incorporados ya, desde la primera mitad del siglo XVI, al español del Nuevo Continente. En los demás casos, reemplaza, sistemáticamente, las designaciones indígenas de flora (17) y fauna (18) por sus equivalentes, más o menos felices, en el castellano peninsular y, salvo dos excepciones aisladas (19), no usa en su lenguaje ningún tipo de guaranismos que no sean los, inevitables, de índole toponimica (20) o antroponímica (21).

Esta actitud ante los indigenismos de Ruy Díaz de Guzmán, radicalmente contrapuesta a la adoptada por otros historiadores de Indias, también de origen mestizo, como el inca Garcilaso de la Vega, parece indicar en el autor que estudiamos no solamente una postura lingüística descalificadora de la aportación léxica nativa al castellano americano sino, más ampliamente, su adopción de un modelo literario (y también ideológico) totalmente español europeo para su obra histórica, dato interesante, sobre todo, para cooperar a la delineación de los rasgos psicológicos que definirían al grupo humano al que pertenecía el propio Ruy Díaz de Guzmán, el de los "mancebos de la tierra" paraguayos.

Un rasgo lingüístico que, como creo haber demostrado en otra ocasión (22), puede ser atribuido a causas varias y concurrentes pero que en este caso particular, parece proceder, con exclusividad, de la consciente voluntad de estilo de Ruy Díaz de Guzmán es el del leísmo (utilización del pronombre personal átono le no solamente en el objeto indirecto sino también en el directo). Nuestro autor emplea un tipo de leísmo limitado al singular, mientras que en el plural la distribución de les / los coincide con la normativa, y, además, solo maneja le como objeto directo en los casos de interés personalizado mientras que, para los que carecen de este rasgo semántico (23), hace uso de la forma lo (24). Estas notas distintivas, muy diferentes de las que se hallan en el español paraguayo actual (25), coinciden, en cambio, con las que se dan en el leísmo propio de los autores peninsulares de Castilla La Vieja y León en el siglo XVI y, más tarde, en las obras de escritores como Cervantes, Lope, Quevedo y Calderón.

Por ello, creo que se impone el considerar la modalidad de leísmo utilizada por Ruy Díaz de Guzmán no como una manifestación dialectal paraguaya, precursora de la que hoy encontramos en el país sino, por el contrario, como uno de los resultados lingüísticos del deseo, bien patente en el autor que estudiamos, de seleccionar los elementos y rasgos lingüísticos de su prosa con el ánimo de conseguir un matiz distinguido y elegante dentro de su básica naturalidad expresiva. En esta ocasión Díaz de Guzmán espera lograr su intento mediante la utilización sistemática de la modalidad leísta empleada por los escritores leoneses y castellanos viejos del siglo XVI, rasgo que, si bien pudo ser importado a tierras paraguayas por los conquistadores y primeros colonizadores de aquella procedencia geográfica, nunca debió ser usado por los que, como su propio padre, Alonso Riquelme de Guzmán, eran originarios de Andalucía, donde ni en el siglo XVI ni en la actualidad es conocido el leismo pronominal.

Me referiré a continuación, con la máxima brevedad posible, a la tercera característica perceptible, junto con las de naturalidad y selección, en la prosa de Ruy Díaz de Guzmán: su matiz ligera pero perceptiblemente arcaico, conservador, propio no de los primeros años del siglo XVII, en que fue escrita (al parecer), sino de la mitad del siglo XVI, es decir de una generación anterior a aquella con la que, en cronología absoluta, debería identificarse.

No es, en realidad, extraña esta peculiaridad en la lengua de un autor como el que nos ocupa ya que en él se dan, sobrada y coincidentemente condicionamientos de toda índole que justifican este retraso respecto a los rasgos medios del lenguaje literario castellano de principios del siglo XVII. Entre ellos figuran, destacadamente, el aislamiento, casi absoluto, de los enclaves hispánicos del Paraguay con respecto a la lejanísima metrópoli e, incluso, a los focos importantes de la cultura virreinal (México, Lima), la imposibilidad, derivada del factor anterior, de tener acceso a las nuevas modalidades barrocas de la literatura peninsular y, en último lugar, la propia trayectoria vital de Ruy Díaz de Guzmán, "de profesión militar" como él mismo afirma con orgullo.

No sería, en efecto, de esperar de quien pasó su vida combatiendo (en el Guairá, en Santa Fe, en Salta, en el Chaco), fundando ciudades (Villa Rica del Espíritu Santo, Santiago de Xerez), trasladándolas de un emplazamiento a otro (Ciudad Real, Villa Rica) o gobernando (Buenos Aires, Santiago del Estero) que, al mismo tiempo, se mantuviese al tanto de las novedades estilísticas y cambios en la norma lingüística acaecidos, mientras tanto, en la España peninsular o en sus brillantes sucursales limeña y mexicana.

Más fácil y, también, más congruente con su biografía personal es pensar que Ruy Díaz de Guzmán formó sus usos lingüísticos sobre la norma manejada por la generación de los conquistadores y primeros pobladores del Río de la Plata y, en primer lugar, sobre la de su propio padre, Alonso Riquelme de Guzmán, llegado a Asunción en 1540 con la expedición del Adelantado y Gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Su lenguaje parece, en efecto, corresponder, como hemos avanzado anteriormente, por sus rasgos morfosintácticos y léxicos, a esta época y aunque, probablemente, su permanencia durante su edad madura en La Plata (Charcas) pudo ponerle en contacto con modalidades más actualizadas de habla y, también, con obras literarias recientes no es fácil que, salvo algún rasgo aislado de estilo, se modificaran por ello apreciablemente sus principales características lingüísticas individuales, forjadas, lógicamente, durante su infancia y primera juventud.

La peculiaridad, aquí señalada, del lenguaje de Díaz de Guzmán, es decir su perceptible carácter arcaizante respecto a la fisonomía media de la prosa realizada en España contemporáneamente a la realización de su obra (1612) se puede apoyar tanto en consideraciones lingüísticas como de estilo.

En cuanto a las primeras, nuestro autor emplea, de modo constante, varios rasgos que ya, a principios del siglo XVII, están prácticamente en desuso o, al menos, en decadencia en la España metropolitana. Entre ellos destacan, por su relevancia gramatical, la persistencia del esquema de colocación de los pronombres inacentuados respecto al verbo (postpuestos a principio de frase o tras pausa, antepuestos en los demás casos) (26), el valor, plenamente pasivo, no impersonal, de la construcción con se, en la que no se emplea, por lo tanto, la preposición a con el sujeto paciente (27), el uso de la forma verbal en - RA como pluscuamperfecto de subjuntivo y no como imperfecto de subjuntivo, función para la que se utiliza la forma - SE (28), y, finalmente, la vigencia, aún, del futuro de subjuntivo (29).

En otros casos Ruy Díaz de Guzmán alterna el empleo de estructuras lingüísticas arcaizantes y el de las más evolucionadas y modernas.

Así, por ejemplo, ocurre en lo que se refiere a los complementos directos de persona, que pueden llevar a, al uso moderno, o no requeriría (30), al uso de haber, con significación incoativa o plena de tener, alternando con este último verbo con valor durativo o pleno (31), a la utilización de ser como equivalente al actual estar (32), al empleo del complemento agente con la preposición de (33), a la existencia de locativos sin preposición (34), a la persistencia de las formas verbales con - D - desinencial aunque solamente cuando dichas formas son esdrújulas (35) y, finalmente, al valor "de donde" atribuido a donde (36).

En cuanto a las consideraciones estilísticas que justifican la inclusión de la obra de Ruy Díaz de Guzmán entre las influidas por la prevalencia de los rasgos renacentistas, propios de la época de Carlos V, podemos resaltar, entre otras, las que se centran en la presencia en su prosa de recursos tan identificados con los esquemas retóricos de dicho período como son las parejas o tríos de vocablos, frecuentemente sinónimos o cuasisinónimos (37), la contraposición de oraciones o cláusulas oracionales (38), el realce de determinadas cualidades de los objetos mencionados por medio de epítetos (39) y, en ocasiones, la búsqueda de la simetría retórica a través de la combinación de oposiciones de componentes sintácticos y de elementos léxicos (40).

Frente a estos rasgos de estilo, claramente renacentistas, poco significa algún caso aislado de usos identificables con la modalidad barroca de prosa, como el zeugma (41), el cual, por otra parte, se utiliza también en la prosa literaria de la época del Emperador (42).

Existen, finalmente, en la obra de Ruy Díaz de Guzmán algunos otros elementos, tanto léxicos como morfosintáticos, que ofrecen indudable interés como testimonios del origen hispánico tradicional de fenómenos actualmente vivos en el castellano rioplatense o, más restringidamente, paraguayo.

Así ocurre, por ejemplo, con el sintagma constituido por el sujeto singular de una acción unido a otro por la preposición con, el cual lleva, frente al uso peninsular actual pero coincidiendo con el de amplias zonas del español americano (Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Colombia, América Central), el verbo en plural (43), con el abundante uso de voces de origen marinero, características del léxico castellano de América ya desde su formación (44) y, finalmente, con el empleo con valor de superlativo, no de exceso, de demasiado, uso actual paraguayo que se ha querido relacionar, erróneamente, con el contenido semántico del guaraní etereí y que deriva, sin duda, del fondo lingüístico tradicional castellano (45).

 

Son interesantes también, por diversas razones, algunas otras peculiaridades de la prosa de Ruy Díaz de Guzmán entre las que citaré solamente, a modo de reducida muestra, el empleo de la voz sertón, paralela al portugués brasileño sertao (46), el uso de quien con antecedente no personal (47), la utilización del sustantivo postverbal multiplico (48), etc.

Como resumen final de todo lo hasta aquí expuesto, creo que del análisis (aún somero como el realizado en este breve trabajo) de los rasgos lingüísticos de la prosa de nuestro autor, pueden extraerse algunas líneas de fuerza que me parecen significativas para la caracterización, vital e intelectual, de Ruy Díaz de Guzmán quien a su vez, por supuesto, debe ser considerado como representante de los valores vigentes entre una buena parte de los conquistadores y primeros pobladores del Río de la Plata y de los "mancebos de la tierra", descendientes de aquéllos y de sus compañeras guaraníes.

Ruy Díaz de Guzmán se nos muestra, en primer lugar, como un autor literario rezagado, estilística y lingüísticamente, respecto a las normas vigentes, en estos aspectos, en la metrópoli española en las fechas en que, probablemente, redactó su obra (1605-1612).

Este retraso, atribuible tanto a factores colectivos, socioculturales y geográficos, como a condicionamientos individuales, hace que, formalmente, se ubique literariamente con toda claridad, a pesar del aparente desfase temporal, no dentro de la generación llamada por José Juan Arrom (49) de 1564 (a la que, sin embargo pertenece cronológicamente), caracterizada por su enfoque "criollista" de la realidad americana y de la que forman parte autores como el Inca Garcilaso, Blas Valera, Fray Diego Durán, Juan de Tovar y Fray Martín de Murúa, sino de la anterior, la de los narradores de la conquista, espiritual o material, de los hombres y las tierras americanas por la Corona de Castilla. Es en este grupo literario, del que forman parte también Francisco de Jerez, Agustín de Zárate, Pedro Cieza de León, Juan de Castellanos, Fray Toribio de Benavente, Fray Bernardino de Sahagún y Fray Diego de Landa, en el que se debe incluir, por su modo de ver la realidad americana que le circunda, a Ruy Díaz de Guzmán.

Al igual que la mayor parte de sus homólogos generacionales (y ello es especialmente notable en alguno de ellos, como Fray Jerónimo de Mendieta) nuestro autor es, formalmente, renacentista pero, psicológica e ideológicamente, medieval. Su renacentismo, estilístico y lingüístico, puede apreciarse en la adopción, como ideal expresivo, del binomio naturalidad - selección (50), en sus recursos retóricos y en sus rasgos de lenguaje. Su medievalismo, que obedece a una constante de la sensibilidad colectiva de los conquistadores y colonizadores españoles de América como ha visto con claridad Antonio Tovar (51), queda patente, entre otros, en episodios de su obra como el referente a las supuestas apariciones, en el campo de batalla, de Santiago o San Blas, quienes, del mismo modo que en la Reconquista peninsular, acaudillan a las tropas de españoles y de indios "amigos" en el combate.

Finalmente, Ruy Díaz de Guzmán manifiesta una total adhesión a los modelos artísticos, ideológicos y vitales, que configuran la "morada vital" hispánica (52) del siglo XVI. No significa esto, en modo alguno, que ignore o menosprecie los valores, estructuras y peculiaridades del entorno indígena en el que se injerta históricamente pero sí que, a diferencia de lo que se trasluce en los enfoques, intelectuales o afectivos, del mundo aborigen realizados en las obras del Inca Garcilaso, del P. José de Acosta o, incluso, de Alonso de Ercilla, los considera como elementos totalmente auxiliares, subordinados a la visión del mundo que, en lo religioso, en lo social y en lo político, caracterizó al ideario imperial español y, en manera alguna, autónomos o válidos por sí mismos.

Esta actitud global ante los temas y problemas planteados por la conquista y colonización de la América hispánica, tan diferente de la sustentada, por ejemplo, por la línea ideológica derivada de los escritos del P. Las Casas, es especialmente significativa en un personaje en el que, como en Ruy Díaz de Guzmán, confluían las sangres españolas e indígena.

Es evidente que, tanto en este caso individual como en el del grupo humano de los llamados "mancebos de la tierra" hispano - guaraníes, el ethos paterno se impuso finalmente, a través, con seguridad, de complicados y dolorosos cambios psicológicos, al materno, constituyendo este proceso uno de los más notables, peculiares e influyentes factores en el desarrollo histórico del área territorial paraguaya y en la formación de su personalidad colectiva.

Desearía que estas líneas, a veces forzosamente técnicas, pudieran representar, no obstante, un intento de acercamiento, exigente y entrañable al mismo tiempo, en el 350 aniversario de su muerte a la personalidad de Ruy Díaz de Guzmán, guerrero, gobernante, fundador de ciudades, historiador, nieto del Gobernador Domingo Martínez de Irala, hijo del caballero jerezano Alonso Riquelme de Guzmán, entroncado con los nobilísimos linajes de los Ponce de León y los Guzmán, y de la mestiza doña Ursula de Irala y, probablemente, por todo ello, símbolo vivo de una de las raíces más vitales y trascendentes de la sociedad paraguaya de ayer y de hoy mismo (53).

 

NOTAS

1) "A su salvo mataron a las centinelas" (pág. 81). Cito los textos de la obra de Ruy Díaz de Guzmán por su última edición, realizada por Enrique de Gandía (Buenos Aires, Librería Huemul, 1974), en la que se toma como base el llamado "códice de Asunción", al parecer el más perfecto de todos los conservados y, como todos ellos, copiado en el siglo XVIII de un prototipo desaparecido. La grafía está modernizada.

 

2) "Con los cuales sucesos y la hambre que sobrevino, estaba la gente muy triste y desconsolada" (pág. 107).

 

3) "Dio con la carabela en una encubierta laja, que está en la misma canal que hoy llaman la laja del 'Inglés', (pág. 185).

 

4) "Concedióseles lo pedido por justificar más la causa de la guerra, ofreciéndoles perdón si voluntariamente viniesen a la real obediencia" (pág. 150).

 

5) "Adoleció de una calentura lenta que poco a poco le consumirá quitándole la gana de comer 'de que le resultó un flujo de vientre' (pág. 230).

 

6) "No te tengas por mi esclava sino por mi querida mujer y como tal puedes ser señora de todo cuanto tengo y hacer a tu voluntad uso de ello de hoy para siempre y junto con esto te doy lo principal, que es mi corazón" (págs. 83-84).

 

7) "Muy contento estáis con vuestra nueva mujer más ella no lo está con vos, porque estima más al de su nación y antiguo marido que a cuanto tenéis y poseéis" (pág. 85).

 

8) "Sucedió un día que andando el Maestre de Campo Juan de Osorio paseándose con el Factor don Carlos de Guevara por la playa llegó a él Juan de Ayolas, Alguacil Mayor, y le dijo... V. md. (Vuestra Merced) sea preso, señor Juan de Osorio, a lo cual, entendiendo el Maestre de Campo que se burlaba, se retiró empuñando su espada, y entonces le dijo el Alguacil Mayor diciendo téngase V. md. (Vuestra Merced) que el señor Gobernador manda que vaya preso" (pág. 99).

 

9) "Adelantándose el Alguacil Mayor fue a dar aviso al Gobernador, que estaba almorzando, diciendo, ya, señor, está preso ¿que manda V.S. (Vuestra Señoría) que se haga? (pág. 99).

 

10) "El estilo que tengo me es natural y sin afectación ninguna escribo como hablo" (pág. 154); "Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiéredes" (pág. 158). Cito por la edición del Diálogo de la lengua de Juan de Valdés realizada por Juan M. Lope Blanch (Madrid, Editorial Castalia, 1969).

 

11) "Y con esta resolución dio facultad al Capitán García Rodríguez de Vergara para que con 60 soldados fuese a hacer esta fundación y, tomando los pertrechos necesarios, salió de la Asunción el año 1554 y con buen suceso llegó al Paraná y pasó de la otra parte, donde fue bien recibido de los indios de la comarca y, considerando el puesto más acomodado para el asiento de su fundación, tuvo por conveniente el hacerla una legua poco más o menos más arriba de aquel gran salto" (pág. 205).

 

12) Por ejemplo: "lo cual visto por los indios, que habían sido agresores de su muerte" (pág. 70); "despavoridos, salían de sus aposentos a la plaza de armas, sin poderse incorporar unos con otros" (pág. 81); "aunque todo el pueblo acudió al socorro, no se pudo comprimir el incendio, porque lo fomentaba la abundancia de pez y resina" (pág. 252); "no es fuera de propósito describirlas con sus partes y calidades y lo que contiene en latitud y longitud, con los caudalosos ríos que se reducen en el principal" (pág. 41).

 

13) "Es cosa cierta haber gran multitud de naturales" (pág. 62) ; "por este suceso se ve no haber merecido el castigo a que la expusieron" (pág. 117); 'los indios decían ser fácil bajar en canoas por aquel río' (pág. 201); "parecióle a García Rodríguez ser, por entonces, aquel sitio el mejor (pág. 205).

 

14) "Hallándole dormido le mataron a puñaladas y hecho, se volvieron al Perú" (pág. 175); "esta fundación fue llamada la Villa de Ontiveros, a similitud de la de que era natural García Rodríguez, y, hecha su población, se mantuvo en ella algún tiempo" (pág. 205).

 

15) "Les acometieron gran número de canoas de indios llamados Agaces" (pág. 112); "enviaron ciertos caciques al Capitán disculpándose de lo sucedido (pág. 121); "se mandó llevar en una hamaca a la Asunción" (pág. 162).

 

16) "A la sazón se hallaba escasa de bastimentos por causa de una plaga general de langostas que habían talado todas las chacras" (pág. 118).

 

17) Determinaron hacer más celada, metiendo sus canoas debajo de grandes embalsados de eneas y cañahejas" (pág. 228).

 

18) 'Son grandes labradores y tienen todas las legumbres de las Indias, muchas gallinas, patos, ciertos conejillos y puercos, que crían dentro de sus casas' (pág. 63); "a la parte del sudoeste residían ciertos indios vestidos que tenían muchas ovejas de la tierra" (pág. 110); "donde, de ordinario, viven muchos tigres, onzas, osos y algunos leopardos pero no muy carnívoros" (pág. 208).

 

19) "Viene este río a pasar por una población muy grande de indios guaraníes, la cual llaman Tape o Tava que quiere decir Ciudad" (pág. 48); "ha quedado hasta ahora el estilo de llamar a los indios de su encomienda con el nombre de tobayá, que quiere decir Cuñado ’ (pág. 136).

 

20) Por ejemplo, "en la jornada que hizo en la reducción y visita de los pueblos de Ibiturusú, Tebicuarí y Mondaí" (pág. 135).

 

21) "En el pueblo de los indios sujetos al Cacique Canendiyú, que era muy amigo de los españoles" (pág. 205); "acometieron el real de los nuestros en gran número, a persuasiones de un hechicero, que ellos tenían por santo, llamado Cutiguará" (pág. 224); "dos mancebos hermanos llamados don Pablo y don Nazario, hijos de un principal de aquella tierra que se llamaba Curupiratí" (pág. 243).

 

22) Véase mi trabajo Origen y formación del leísmo en el espanol del Paraguay.

 

23) Para estos conceptos teóricos véase Francisco Marcos Marín Estudios sobre el pronombre, Madrid, 1978.

 

24) Compárense los ejemplos siguientes: "haciendo montón de todo el despojo para repartirle entre toda !a gente de guerra" (pág. 83); "De este trance se escapó el general Juan de Ayolas, pero al otro día le hallaron metido a unos matorrales de donde le sacaron, le llevaron a la mitad del pueblo, le mataron e hicieron pedazos" (pág. 128); "a sus principios, en las fiestas que hacían, los comían" (pág. 71); "pelearon con los franceses, los rindieron y tomaron el navío" (pág. 88).

 

25) En el español del Paraguay, en sus estratos más populares, le se utiliza, como forma única, para representar el objeto átono directo e indirecto de tercera persona del pronombre personal, tanto en singular como en plural. Véase mi trabajo citado en la nota 22.

 

26) "Dentro y fuera se le pusieron guardas a su costa; secuestráronle todos sus bienes, dejándole sólo para sustentarse muy escasamente" (pág. 276).

 

27) "Todos los que pudieron ser habidos se cogieron y se ajusticiaron los motores de los insultos" (pág. 159).

 

28) "El cual, a no ser avisado del trompeta, cayera como el General en manos de aquellos enemigos" (pág. 261); "fue mandado ejecutar, habiendo ofrecido antes dos hijas que tenía, una a Diego de Abreu y otra a Ruy Díaz Melgarejo, para que las tomasen por esposas" (pág. 184).

 

29) "Corriendo la vista por toda aquella gente, atendió a don Juan Francisco de Mendoza, a quien llamó y dio su espada, diciendo a vmd. señor don Francisco, entrego mis armas y ahora hagan de mí lo que quisieren" (pág. 161).

 

30) "Visitó los indios que allí había" (pág. 224); "atacaron a los españoles" (pág. 225).

 

31) "Con esto Gaboto llegó a haber con facilidad algunas piezas de plata, manillas de oro, manzanas de oro y otras cosas" (pág. 78); "habiendo llegado Juan de Ayolas a los últimos pueblos de los Samócocis y Sibócocis... dio vuelta cargado de muchos metales que había habido de los indios de toda aquella comarca" (pág. 127) ; "acabó su vida como verdadera cristiana, pidiendo a Dios Nuestro Señor hubiese misericordia de ella" (pág. 85); "fue Dios Nuestro Señor servido de que se descubriese la tramoya por medio de una india, que tenía en su servicio el capitán Salazar" (pág. 135); "hizo revista a la gente y halló que tenía 600 hombres" (pág. 134).

 

32) "Dejando en su lugar por Teniente a Hernando de Salazar, que era casado con la hermana de su mujer" (pág. 238).

 

33) "Tenía Hurtado los ojos puestos en su Lucía y ésta en su verdadero consorte, de manera que fueron notados por algunos de la casa y en especial de una india" (pág. 84); "cerraron todos a un tiempo llegando a la palizada donde fueron recibidos de los enemigos" (pág. 150).

 

34) "Se embarcaron en sus navíos toda la gente que cupo y caminaron el río arriba" (pág. 118]; "y, dándole aviso al General de lo sucedido, que aún no estaban muchas leguas de la ciudad" (pág. 195).

 

35) "El Cacique, viendo tan impensada acción, dijo: Capitán Mendoza, como me habéis engañado, quebrantando vuestra palabra y el juramento que habéis hecho, pues matadme ya o haced de mí lo que quisiéredes" (pág. 173).

 

36) "Sobreviniéndole una tormenta en aquel paraje, encalló el navío en parte donde no pudo salir más" (pág. 75); "volvieron a su asiento con algunos de los mismos portugueses, que al disimulo los favorecieron, donde, metidos todos en dos navíos, desampararon la tierra y se fueron a la isla de Santa Catalina" (pág. 89); "los llevaron a las naos, de donde se les huyeron dos" (pág. 39).

 

37) "Con cuyos vínculos vinieron a tener aquellos tumultos el fin y la concordia que convenía, con verdadera paz y tranquilidad, en que fue S. M. bien servido con gran aplauso del celo y cristiandad de Domingo de Irala" (págs. 189) ; "Este era un mozo mal inclinado y de peor intención, que, por haber sido castigado del General por sus excesos y liviandades, estaba sentido y agraviado" (pág. 201); "En este tiempo tenía a los naturales de aquella provincia con mucha paz y quietud y tan a su devoción y obediencia que cualquier cosa por grave que fuese, siéndoles mandada de orden del General por cualquier español o indio, era ejecutada puntualmente" (pág. 207).

 

38) "De modo que estaba la República tan aumentada, abastecida y acrecentada en su población, abundancia y comodidad que desde entonces hasta hoy no se ha visto en tal estado" (pág. 207).

 

39) "Y, caminando por un apacible llano, de más distancia de una legua divisó las cristalinas aguas de aquel río a cuya playa llegó, con grande admiración de todos en ver la hermosura del ancho río, de tan dulces como diáfanas aguas, muchas islas pobladas de muy espesos sauces, sus márgenes de vistosas y varias arboledas... en este ancho y apacible sitio sentaron su real" (pág. 172).

 

40) "Por cuya causa no se guardaba el orden que convenía porque unos se quedaban atrás con sus deudos y amigos y otros marchaban adelante con sus mujeres e hijos" (pág. 254).

 

41) "Moviéronse a esta novedad, aunque no lo es para ellos (págs. 243-244); "Respondióles que se vería más despacio y se resolvería lo más acertado al real servicio; pero, habiendo tardado en la resolución, tomaron la de prender al Capitán y a algunos de su parte una noche" (pág. 268).

42) Cfr. Manuel García Blanco La lengua española en la época de CarIos V, Sander, 1958.

 

43) "Luego que el Cacique saltó a la tierra, se abrazaron con el Capitán" (pág. 173).

 

44) "Con tal velocidad que, cogida una vez cualquier cosa, es casi imposible largarla" (págs. 202-203); "dio con ellos una madrugada y, quemándoles sus ranchos, mató gran cantidad" (pág. 119).

 

45) "Y, saltando en tierra con demasiada determinación, tomando los capitales la vanguardia y peleando cara a cara con el enemigo a espada y rodela, le rompieron" (pág. 122).

 

46) "El cual, caminando por sus jornadas por el sertón, adentro con los demás compañeros, vinieron a salir al río del Paraná" (pág. 67).

 

47) "No me parece fuera de propósito tratar en este libro algunas cosas de las que acaecieron en el gobierno de Tucumán, con quien confina esta gobernación" (pág. 170).

 

48) "El día de hoy ha llegado a tanto el multiplico que han salido de esta ciudad para las demás que se han fundado en aquella gobernación ocho colonias de pobladores" (pág. 137).

 

49) José Juan Arrom. Esquema generacional de las letras hispanoamericanas. Ensayo de un método, 2da. edición, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1977.

 

50) Véase Ramón Menéndez Pidal El lenguaje del siglo XVI, en Cruz y Raya (Madrid), setiembre de 1933.

 

51) Antonio Tovar Lo medieval en la conquista y otros ensayos americanos, Madrid, 1970.

 

52) Utilizo aquí, aunque con reservas sobre su aplicación uniforme extensiva a la totalidad de la historia medieval y moderna de España, el concepto teórico forjado por Américo Castro.

 

53) Este texto ha sido escrito para ser incluido, como introducción, en la edición que sale bajo la dirección del historiador paraguayo don Roberto Quevedo. Dada la índole no especializada y la finalidad, divulgativa y popular, del volumen en que aparece, he prescindido en mi trabajo, casi totalmente, de citar la bibliografía específica en que apoyo mis afirmaciones así como de presentar éstas de modo excesivamente técnico. Todo ello sin perjuicio de preservar, en todo momento, un nivel adecuado de exigencia y rigor científico.